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23.01.2008

¿A qué sabe el amor?

Cultura/s (La Vanguardia)

Jordi Galves

La reciente visita de Robin Lane Fox a Barcelona, el celebrado autor de Alejandro Magno, conquistador del mundo y de Mundo Clásico.

La epopeya de Grecia y Roma –sin olvidar sus columnas sobre jardinería en el “Financial Times”-, nos regaló numerosos conocimientos y algunas poderosas ideas como ésta: la historia siempre será superior a la novela histórica ya que la realidad pura y dura siempre es mucho más grande y rica que la imaginación humana. A esa misma conclusión podemos llegar tras la lectura del “Speculum al foder”, un texto catalán medieval compuesto a finales del siglo XIV a partir de diversos textos latinos sobre sexualidad, en especial el tratado sobre el coito de Constantino el Africano del siglo XII. En contraste con la sexualidad políticamente correcta, mojigata, o abiertamente falsificada que ofrecen muchas de las más famosas novelas ambientadas en la Edad Media, he aquí, resplandeciente y vivo, un documento probatorio, una imagen epocal de cómo el sexo era visto en aquel entonces.

La sexualidad como ejercicio de la alegría y del buen tino, de la sanidad mental, de la libertad individual y del compromiso hacia tu compañera –aquí no hay libertinaje porque no hay culpa ni truculencia-, como modo de ejercitar el cuerpo y de procurar una mayor salud física. Naturalmente, Boccaccio y Martorell tenían razón.

- Una obra única

La profesora responsable de esta elegante y cuidada edición, Anna Alberni, afirma sin esconder su satisfacción que estamos ante la única “obra occidental que proposa sense embuts, abans del Renaixement, un art de les postures per al coit i un petit manual de psicología femenina per a ús de seductors”.

Exactamente veinticuatro, en un extremo que vincula este texto con los famosos clásicos de India –el “Kamasutra”- pero sin amago de trascendentalismo místico, de teleología o de ejercicio de autoconocimiento espiritualista. Aquí los centros de interés son muy humanos y terrenales, la intensificación del placer, los preparados afrodisíacos (a base de nabos, garbanzos y carnes blancas), los aceites, los perfumes, la cosmética (la mujer debe tener “quatre coses molt negres”,“e quatre coses molt vermelles”, “e quatre coses molt blanques”, “e quatre coses molt estretes”, e quatre coses molt primes”) La importancia de besar, palpar, pellizcar, abrazar, refregar y herir está claramente consignado, sin olvidar el “tirar del cony e del llombrígol” o del poder electrizante de las uñas sobre la piel. Digamos, por último, para los desdeñosos de Eros, que éste es un texto bellísimo en catalán, con auténticas joyas lingüísticas. Un ejemplo: para decir “orgasmo” utiliza la palabra “sabor”.

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